En 5 días hará un mes que conocí sitios increibles, lugares que me dejaron sin palabras, no todos fueron así, claro, pero si la mayoría.
Uno de los días de esta impresionante excursión, en Córdoba, lugar donde siempre soñé estar alguna vez, me di cuenta de algo importante.
Serían las 7 de la tarde y unos cuantos decidimos no ir al hotel, ir a dar una vuelta (en realidad ibamos a un centro comercial, a por alcohol, pero eso es un dato sin importancia) cruzamos un puente, le llaman el Puente romano de Córdoba o el Puente viejo, está situado sobre el río Guadalquivir y une el barrio del Campo de la Verdad con el Barrio de la Catedral.
Bueno, pues allí fuimos de expedición, unos cuantos. Y no sabeis como me encanta esa sensación, de no saber donde estás y ir descubriendo nuevos lugares y preguntando a la gente. Y poco después llego el momento que más me gusto de todo ese día. Al volver de camino al hotel, me du cuenta que delante mía iban algunos de los niños y detrás otros y yo en medio, sola, y fue cuando vi la perfecta puesta de sol, por detrás de la Alhambra, por mucho que os enseñe la foto, no es nada comparado con la imagen que tube delante mía por unos minutos. Imagen que os aseguro jamás olvidaré; son cosas de esas que pasan de vez en cuando, que muchas veces por ir apurados, a mil por hora, no nos paramos a ver. Pero yo no soy de esas; yo me paré a verla, a disfrutarla y saben que? En ese momento me di cuenta que los atardeceres, son como el amor, cuando menos te lo esperas aparece el más increible, y te das cuenta que el mundo sigue girando y tu, como una tonta mirándolo. Y sin duda te deja sin palabras.
Solo tú haces que pueda tocar el cielo,
llámalo 'te quiero'... yo lo llamo ser sincero.