'Prométeme que nunca te faltara tu sonrisa esa que tanto me gusta. Prométeme que caigas las veces que caigas siempre te levantarás, que pase lo que pase seguirás luchando y acabando por conseguir todo lo que te propongas, que nunca te rendirás como hasta el día de hoy, que si no te hace feliz lo olvidarás, que te dejarás las uñas por conseguir ser la mejor en todo pero sin pisar a nadie como hasta hoy a ti no te hace falta eso, que ignorarás las malas lenguas que quieran joderte, que conseguirás todos y cada uno de eses sueños que descubrí por casualidad, que jamás y digo jamás te dejes influenciar por nadie y menos por los que te quieren el mal, que serás menos ingenua, cabezota, impulsiva, orgullosa... prométeme que nunca dejarás de quererme y tampoco dejarás de mirarme como aquel primer día. Prométeme que cuando estés con otro no le dirás tu canción... nuestra canción. Prométeme que no hará falta un hombre en tu vida para conseguir tus propósitos, que nunca dejarás de ser como tu eres, que cada vez que veas nuestras fotos recuerdes porque mereció la pena todo el sufrimiento. Pero por encima de todo, princesa, prométeme que seras siempre feliz aunque sea sin mi.'
Y así... fueron sus últimas palabras, sigo recordándolo. A todas horas, cada momento de mi vida, cuando suena cada una de nuestras canciones, pero con buen sabor de boca y sonriendo; por eso dicen que jamás lo olvidaré porque mi sonrisa en parte era suya y aún así sigue presente cada segundo, como le prometí.
